
Los que gusten de novelas que tengan que ver con este asunto verán que la historia no ha terminado, ni mucho menos. Sólo que ahora no se apunta a su discípulo Johannes Kepler como presunto asesino , sino a un familiar lejano -Eric Brahe- del propio astrónomo, quien, acuciado por las deudas y presuntamente impelido por el jovenzuelo y recién llegado rey Christian IV de Dinamarca, lo habría envenenado. ¿Las razones? El investigador apunta a simples celos del monarca y a complejos líos de faldas, y para ello se basa en el viejo diario del que habría sido el autor criminal del magnicidio para sus argumentaciones. En cualquier caso, más madera para este apasionante pasaje de la Historia.
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